La escalada clásica o de autoprotección es una modalidad en la que los escaladores ascienden rutas en roca sin equipamiento fijo preinstalado, (salvo en las reuniones, de ahí que sean semi-equipadas) colocando sus propios seguros flotantes (como friends, empotradores o anclajes naturales) para proteger la caída. Una vez completado cada largo, estos seguros se retiran, dejando la pared tal como estaba.
Este estilo requiere un alto nivel técnico, conocimiento del material y criterio en la toma de decisiones, ya que la seguridad depende de la correcta colocación de las protecciones y de una buena gestión de la cordada.
La escalada clásica puede realizarse en cordadas de dos o tres personas, y las vías suelen desarrollarse en varios largos, con descensos que pueden hacerse rapelando o caminando según la configuración del terreno.
En esencia, la escalada clásica representa la forma más auténtica y comprometida de la escalada en roca, donde la autonomía, la confianza y la lectura del entorno son tan importantes como la fuerza o la técnica.